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Narraremos la realidad desde la quinta dimensión

Nuestra percepción de la vida está cambiando a gran velocidad de la mano de las nuevas tecnologías.

Michio Kaku, en su libro “Universos Paralelos”[1] plantea que en un futuro no muy lejano alcanzaremos los límites de grabación en láminas de silicio hasta el punto que la del silicio llegará a su fin y comenzará el preludio de la era cuántica. Es decir, es perfectamente posible que en un futuro no muy lejano lleguemos a narrar con aparatos más vinculados con la física cuántica que con la mecánica newtoniana. ¿Por qué no imaginar la existencia de ordenadores cuánticos? Permitirían que la información adquiriera unos niveles de transmisión en el tiempo hoy inimaginables. Presente y pasado dejarían de diferenciarse, lo de la instantaneidad ya sería un concepto trasnochado y nos moveríamos en términos de vibraciones coherentes….

La especie humana también experimentará un “gran giro” en sus procesos de comunicación sin embargo, nuestra naturaleza impone sus límites: nos resulta mucho más difícil emitir información que percibirla, pero no porque seamos más lentos transmitiendo la información sino porque necesitamos tiempo para procesarla. Y el problema es que somos emisores y receptores de información a un mismo tiempo pero a dos velocidades distintas. Las máquinas, en este sentido, son mucho más rápidas combinando datos. ¿Cuál será nuestro papel en esa nueva era informativa? ¿Estamos siendo ya expulsados/as de los procesos narrativos? Las aplicaciones de nuestros dispositivos móviles están relegando a muchos profesionales de los rodajes, las sesiones de fotos, la edición de vídeos…

Es importante entender que no todo es dato, no todo es técnica. No todo es razón. La complejidad de la vida incluye la incertidumbre y el caos, que propician la creatividad.

En los años setenta, el matemático Thomas Banchoff se hizo un sitio en la ciencia con sus teorías sobre la cuarta dimensión, que explicaba haciendo mover en el espacio un volumen tridimensional. Sin embargo, 25 años antes, en 1951, el pintor Salvador Dalí ya había pintado ese concepto, tal y como demuestra el lienzo “Corpus hipercubicus”. El cuadro muestra una cruz hecha por una suma de cubos (un hipercubo desplegado), colgando del aire y en el que estaba crucificado Jesucristo. Dalí quería representar la crucifixión de Cristo sumando la mística religiosa con las apasionantes propuestas de la nueva física.

En nuestro universo tridimensional el hipercubo resulta invisible, pero eso no significa que no exista. Por eso, cuando el pintor se enteró de las hazañas hipercúbicas del matemático, le hizo llamar. Se conocieron y es entonces cuando se llevaron la gran sorpresa: en su proceso de conocimiento sobre la representación de la cuarta dimensión ambos se habían inspirado en el místico medieval Ramón Llull[2].

La percepción poética había esperado 25 años a que la ciencia ratificase su visión. En 1975 el Washington Post publicaba un artículo sobre las tesis del joven Banchoff sobre “la visualización tridimensional de objetos de dimensiones superiores” y utilizaba como “imagen feliz” la reproducción del “Corpus hipercubicus”. De este modo, ambos mundos lograban enlazar sus procesos y nuestra percepción cotidiana del mundo se abría a otras posibilidades. Hoy nos movemos en la cuarta dimensión con naturalidad. Gracias al lenguaje cinematográfico participamos en un universo en el que la imaginación ya no se pone al servicio de lo desconocido, como fue el caso de Salvador Dalí, Thomas Banchoff y Ramón Llull.

En 1985 el director de cine ruso, Andrei Tarkovski, formuló una capaz de describir qué significa esencialmente hacer cine: “esculpir en el tiempo”. Así fue como tituló el ensayo sobre la creación audiovisual que empezó a escribir en un momento en el que había anunciado su renuncia al cine. Se había ido desprendiendo de todo lo aprendido hasta desembocar en aquella metáfora.  

Esculpir en el tiempo. ¿Qué nos permite imaginar esta metáfora? ¿Que al narrar damos forma al espacio/tiempo? ¿Que este binomio, como el de la materia y la energía, puede adquirir diversas formas en el relato fílmico? ¿Que los relatos no son lineales, aunque formalmente estén limitados en el tiempo cronológico, porque son una suma orgánica (y plástica) de vínculos? El tiempo, esa cuarta dimensión a la que se había referido Einstein medio siglo antes, permite que los objetos se muevan no sólo en el espacio sino también a través del tiempo, como sucede en la vida real, pero en el cine nada encamina a la muerte, solo al final de la historia.

Tarkovski dice en su ensayo: “En todas mis películas me he esforzado por establecer lazos de unión que aúnen a las personas (dejando de lado los intereses meramente materiales). Lazos de unión que, por ejemplo, a mí mismo me unen a la humanidad y que a todos nosotros nos ligan con lo que nos rodea. Tengo que sentir imperiosamente mi continuidad espiritual y el hecho de que no me encuentro por azar en este mundo.”[3] La ciencia, la tecnología, el camino que somos capaces de crear hacia los lugares desconocidos sólo existen porque nos hacemos preguntas esenciales, porque los seres humanos somos sensibles a la trascendencia, porque intuimos una y otra vez que existe un “todo” inabarcable que existe en cada parte.

El 14 de marzo de 2013 la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) ratificaba la existencia del bosón de Higgs, un elemento que permitía a la física y la cosmología demostrar que todo está relacionado de otra manera, que existe una quinta dimensión, un particular “vacío cuántico” que afecta a todo, que el cerebro humano no puede captar, aunque por el momento es el único habitante de ese “vacío” sea el citado bosón. Sin embargo, hoy las nuevas generaciones pueden empezar a participar en videojuegos que, gracias a composiciones matemáticas, crean una quinta dimensión en la que el avatar puede participar. 

Mientras me planteo cómo cambiará nuestra forma de participar en el mundo por el simple hecho de experimentar, por ejemplo, la quinta dimensión y, además, hacerlo de forma lúdica; mientras me pregunto a qué nuevos universos desconocidos querrá asomarse nuestra mente a medida que integremos (lentamente) las nuevas medidas del mundo, afirmo que la grandeza de los seres humanos reside en que podemos percibir lo que aún no tiene lógica o lo que no puede demostrarse, que podemos acercarnos a un nuevo orden del mundo antes de que suceda, gracias a la imaginación “iluminada”. La imaginación ilumina el camino y dibuja horizontes cuando se pone al servicio de la pregunta adecuada.

La tecnología nos permitirá narrar con herramientas que no somos capaces de imaginar, mientras digerimos sus posibilidades, sigamos iluminando el horizonte de la vida preguntándonos sobre lo desconocido, es decir, aquello ante lo que nuestra mente permanece ciega. Esa quinta dimensión existe, ya vivimos en ella, aunque aún no logremos ponerle nombre.


[1] “Universos paralelos. Los universos alternativos de la ciencia y el futuro del cosmos”. Michio Kaku. Ed Atalanta 2005

[2] El místico, poeta, filósofo, teólogo y misionero Ramon Llull (Palma de Mallorca 1232- Mar Mediterráneo, a bordo de un barco rumbo a Mallorca, 1315) intentó demostrar la existencia de Dios a través de la percepción matemática de las figuras geométricas, una idea que desarrolla fundamentalmente en su tratado “Ars Magna”.

[3] “Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine” Andrei Tarkovski. Ed. Rialp. 1991

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