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¿Por qué hablar de sistemas vivos? Parte 2/2

Como consecuencia de las muchas lagunas del mecanicismo, a lo largo del siglo XX han ido emergiendo nuevas ideas y propuestas que, en su conjunto, forman la base de un nuevo paradigma científico y de una nueva visión del mundo.

Este nuevo paradigma, esta visión holística del mundo que, aún minoritaria, siempre estuvo presente en el pensamiento occidental además de ser dominante en muchas culturas no occidentales, se basa en una nueva forma de conciencia plena, despierta, viva (por nombrar algunas de las palabras que se usan para describirla), que nos permite acceder a aquello que emerge en cada momento y captar directamente su sentido, y en una nueva aproximación a la realidad que reemplaza la máquina por la organización viva, la materia y la estructura por los procesos y los patrones de organización, los objetos por las redes y las relaciones.

Desde esta perspectiva, la realidad o aquella parte de la realidad que queremos conocer, es vista como un sistema dinámico y complejo, un sistema que evoluciona y cambia con el tiempo, con propiedades globales que emergen de repetidas interacciones entre sus partes pero que no se pueden reducir o explicar a partir de ellas.

Aplicado a la vida, “la falacia del reduccionismo, según Capra (2014), no está en decir que los seres vivos se componen de partes más pequeñas, en última instancia de moléculas y átomos, sino en suponer que sus características o cualidades se puedan explicar exclusivamente a partir de sus partes. Desde la nueva perspectiva sistémica, un sistema vivo es un todo integrado cuyas propiedades esenciales no pueden reducirse a las de sus partes, sino que emergen de las interacciones que se dan entre ellas”

Entre las principales características del nuevo paradigma sistémico destacan (basado en Capra 2014):

1. De las partes al todo

Las propiedades esenciales de cualquier sistema, entendido como un fragmento acotado de la realidad, son propiedades del todo, no de sus partes. Emergen de procesos de interacción entre las partes pero no se reducen ni explican a partir de las propiedades de éstas. Las propiedades sistémicas o globales se destruyen cuando el sistema se disecciona o descompone para su estudio. El todo es más que la suma de sus partes.
Por otro lado, tampoco es posible definir y comprender las partes en sí mismas, pues su función y comportamiento están subordinados a la dinámica global del sistema al que pertenecen. En un sistema vivo, las propiedades del todo emergen de las repetidas interacciones entre las partes, a la vez que el todo afecta y condiciona el comportamiento de esas mismas partes. Esta doble relación de causalidad entre las partes y el todo se conoce como causalidad circular o recíproca.

2. De los objetos a las relaciones

Todo objeto, visto como un sistema, se compone de partes que se relacionan entre sí. Es precisamente la forma o patrón de estas relaciones lo que define el objeto. Pero a su vez, estas partes son de nuevo sistemas formados por partes más pequeñas con sus propias relaciones y patrones dinámicos. Y así sucesivamente. En última instancia, como atestigua la física cuántica, no hay partes en absoluto. “Toda parte no es más que un patrón estable en una inseparable red de relaciones” (Capra, 2014).

Por otro lado, todo sistema forma parte de sistemas mayores que conforman su entorno. Las células, por ejemplo, están formadas por moléculas y átomos, pero también forman parte de tejidos y órganos, quienes a su vez conforman un ser vivo. Los seres vivos forman parte de ecosistemas y sistemas sociales cada vez más extensos. Si en la visión mecanicista, el mundo es una colección de objetos con relaciones que se consideran secundarias, en la visión sistémica el mundo es ante todo una vasta red de relaciones, en diferentes escalas, en la que los objetos no son más que patrones relacionales dinámicamente estables en un determinado nivel o escala. 

3. De la cantidad a la calidad

La ciencia de los objetos necesita medirlo todo para establecer relaciones numéricas entre diferentes cantidades que supuestamente definen el objeto. Las relaciones, sin embargo, no se pueden medir, sólo se pueden mostrar. Lo que descubrimos entonces, al observar las relaciones con atención, es que ciertas configuraciones se repiten una y otra vez formando un patrón. “Las redes, los ciclos y las fronteras son ejemplos de patrones de organización característicos de los sistemas vivos y son el nuevo centro de atención de la ciencia de sistemas” (Capra, 2014). Para poder analizar y explicar adecuadamente los patrones observables en una red de relaciones ha sido necesario el desarrollo de toda una nueva rama de las matemáticas que apuesta por el análisis cualitativo, y no tanto cuantitativo, de los sistemas dinámicos.

4. De la estructura a los procesos

A la hora de estudiar y explicar cualquier aspecto de la realidad, el modelo mecanicista trata de deducir cuál puede ser la estructura básica que subyace a aquello que se quiere estudiar, o en el caso de diseñar algo nuevo, considera que basta definir una buena estructura, permanente, estable, que pueda dar cuenta de los diferentes procesos a lo largo del tiempo.

Desde la perspectiva de sistemas se considera, al contrario, que los procesos son primero y que toda estructura no es más que la manifestación visible de procesos de interacción subyacentes. Por muy estable que pueda parecer, toda estructura está sujeta a cambios en función de la evolución de los procesos que la sostienen. Esto no quiere decir que no sea interesante conocer las estructuras que definen un aspecto de la realidad o diseñar buenas estructuras en una organización humana.

Sistemas vivos

Es sin duda necesario, pues sabemos que la estructura afecta y condiciona las interacciones entre las partes. Sólo que finalmente son estas interacciones o procesos los que en su continuo dinamismo actúan sobre las estructuras existentes, modificándolas una y otra vez.

5. De los individuos a las comunidades

Al poner el énfasis sobre las relaciones en lugar de las partes, el modelo sistémico incluye también una perspectiva ecológica. Para explicar adecuadamente el comportamiento de un individuo necesitamos conocer la red de relaciones en las que está inmerso, tanto con individuos de su misma especie (sistemas sociales), como con individuos de otras especies y el medio que los acoge (ecosistemas).

Grupos sociales y ecosistemas forman unidades integradas que operan como un todo funcional, son comunidades vivas anidadas en diferentes niveles o escalas.

La perspectiva ecológica afirma que las comunidades y los ecosistemas son quienes verdaderamente sostienen la vida, que ningún individuo puede vivir aislado y que la diversidad y la cooperación son cualidades imprescindibles para mantener un sistema vivo.

Uno de los desafíos más acuciantes de nuestro tiempo es crear y cuidar comunidades humanas sostenibles, esto es comunidades “diseñadas de tal manera que sus modos de vida, negocios, economía, estructuras físicas y tecnológicas no interfieren con la capacidad inherente de la naturaleza de sostener la vida” (Capra, 2014).

Lecturas recomendadas
• Capra, Fritjof (1998). La trama de la vida. Anagrama.
• Capra, Fritjof y Luisi, Pier Luigi  (2014). The Systems View of Life. A Unifying Vision. Cambridge University Press.

Más info: www.elcaminodelelder.org


Ir a la primera parte de este artículo: Por qué hablar de sistemas vivos. Parte 1/2


Artículo publicado en la revista EcoHabitar nº 56


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