COM-CAL nació de una mezcla de azar e intuición, como casi todos los proyectos, al detectar la dificultad para conseguir cal cuando se realizaban obras. Esto sucedía a nivel particular y también entre profesionales de la construcción. La familia de Miquel Barcons siempre ha estado vinculada al sector de la cal, su bisabuelo ya era calero.
“Hace diez años nos dimos cuenta de que la cal tenía una presencia histórica enorme como material de construcción propio de la arquitectura mediterránea, pero que era prácticamente imposible comprarlo. Nos estimuló mucho el hecho de revalorizar un material que ha tenido un papel tan principal en nuestra historia constructiva y en nuestro paisaje urbano, aunque hoy ocupa un discreto e incluso estigmatizado segundo plano. Pero contamos con un valioso patrimonio histórico, precisamente porque hemos construido con cal; según datos oficiales se construye con cal desde hace más de 2.000 años”, resalta Miquel, hablando sobre la cal en la historia y el paisaje.
Iniciar un proyecto con la información generacional y las nuevas formas de producción, debió ser interesante. “Sí, lo fue, contábamos con una información muy valiosa transmitida por nuestros abuelos y nos estimuló mucho poder ser parte de la recuperación de este material. En un primer momento nos centramos en la pasta de cal envejecida para reintroducirla en el mundo de la restauración y bioconstrucción. Y enseguida empezamos a producir otros morteros estudiando e investigando; estucos, pinturas y diversos tipos de morteros de cal hidráulica natural, que vamos integrando poco a poco en nuestro catálogo. Actualmente estamos trabajando varias líneas de investigación. Detectamos que producir el color a medida podía tener un cierto interés para el sector de la restauración y de la bioconstrucción y enseguida nos especializamos en la elaboración de morteros y estucos de pasta de cal con la cantidad de pigmento necesario. En una restauración, la integración del color y del árido se tiene que realizar a medida. El proyecto fue creciendo y actualmente fabricamos y comercializamos una gama muy completa de productos para la restauración y la bioconstrucción”.

Miquel nos cuenta lo que considera que debe tener un buen producto “Un material como la cal debe tener un buen paso del tiempo, 0 emisiones de CO2, o muy bajas, de autoproducción, sin grandes industrias detrás, de proximidad (antes cada pueblo tenía su calera), que tenga un buen registro estético”.
Hasta hace poco el mercado de la cal apenas existía, parece que ahora es un buen momento. “Prácticamente no existía, ya que realmente es un material que toda la vida se ha producido en “casa”, en cada obra, o en cada pueblo donde construían hornos de cal y cada persona lo usaba según sus necesidades: encalar, construir, estucar, desinfectar…» Miquel continua hablando del control de las grandes corporaciones «Con el yeso ha pasado exactamente lo mismo. De repente le dimos la espalda…, este es otro gran tema. Vemos que respondió a intereses económicos, la cal es demasiado popular, frente a la gran industria del cemento que puede controlar y concentrar la producción y la comercialización en pocas manos. No todo el mundo puede hacer cemento, lo que hace que su producción quede en manos de las cementeras y de los grandes poderes económicos, sin embargo, casi todo el mundo puede recuperar el conocimiento y hacer cal.

Somos de las primeras generaciones que compramos verduras, porque no tenemos huerto o compramos pan porque en casa ya no sabemos hacerlo, lo mismo ha pasado con la cal, ahora la compramos porque ya no la producimos nosotros mismos.
Actualmente el sector de la bioconstrucción y la cal están en un buen momento, se van conociendo y se gustan, puede que esto funcione…”, lo que considera muy importante.
En el campo de la especialización, considera que “La cal se puede utilizar desde pintura al fresco a hormigón. Es decir, cuenta con poderosos beneficios y se puede aplicar en casi todos los usos en el sector de la construcción y restauración, para cada uso hay una técnica específica, que hay que conocer y tener cierta experiencia para un buen resultado, no es difícil ni complicado, pero requiere de conocimientos y buena aplicación. Esto favorece la especialización de profesionales de la construcción”.
Crear un proyecto y presentarlo al sector de la bioconstrucción siempre supone un esfuerzo “Empezamos con alguna que otra tensión económica y con más facturas que ingresos, pero siempre con ganas, nos hemos encontrado un sector con mucho que hacer. Proyectos muy interesantes, gente concienciada. Tener entre las manos un material al que le reconoces un pasado formidable y un buen futuro, hace que sea más fácil confiar en que superarás los problemas del presente”, explica.
El proceso para crear y lanzar un nuevo producto es muy similar a los pasos que dieron al inicio. “Escuchar a los que usan el material. Día a día asesoramos y trabajamos con arquitectos, diseñadores, pintores, constructores, estucadores, universidades y particulares, esto nos permite no solo transmitirles nuestro conocimiento, también queremos que sea un canal bidireccional, donde ellos nos trasladan sus inquietudes y necesidades y con ello investigamos y tras un proceso intenso, producimos el nuevo producto».
Piensa que la intención no es hacer muchos productos para un mismo fin, quieren conseguir la simplicidad de hacer más con menos, «si se lanza un nuevo material es porque es realmente necesario y suficientemente diferenciado del resto”.
Seguramente han sido 10 años muy intensos y lo continúan siendo. “Los primeros años fueron de esfuerzo por nacer y ahora son por crecer y mejorar. Justo este año empezamos diversos proyectos de investigación con distintas universidades para desarrollar productos con criterios de bioconstrucción y patrimonio obteniendo materiales más saludables, de bajo impacto ambiental, ahora pretendemos llegar a un impacto ambiental positivo”.
Miquel comenta el interés creciente de la sociedad “Considero que el sector de la bioconstrucción empieza también a ser un sector maduro, a tener buena presencia en la sociedad y a ser una voz escuchada cada vez más. Prueba de ello es que desde los colegios de arquitectos como el COAC (Col·legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya), instituciones como el Incasòl (Institut Català del Sòl), o el IBAVI (Institut Balear de la Vivienda) están apostando por promover guías, criterios, normativas y obras con el nombre de biohabitabilidad sin ningún prejuicio. Han abandonado el ambiguo término de sostenibilidad, como eslogan vacío, y lo que ha supuesto durante años, por unos criterios realmente rigurosos. Todos ellos, junto con universidades como la UPC, UB, UDG entre muchas otras, han creído en la cal y en COM-CAL para desarrollar estos proyectos que están siendo referentes a nivel nacional e internacional».
«Esta motivación, y todo el conocimiento reunido durante todos estos años, ha propiciado que sigamos investigando para desarrollar nuevos materiales con menor huella ambiental y que la cal pueda volver a ser el gran material de construcción que ha sido”, concluye.
Más información: https://com-cal.com/
