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ToggleEn nuestra andadura fuimos acumulando experiencia. Descubrimos con asombro que determinadas alergias desaparecen cuando se elimina la contaminación electromagnética. ¿Qué tiene que ver el polen con los radiodespertadores y el picor de piel con la radiación de los ordenadores? No lo sabemos, pero sí existe alguna relación. Observamos que los hongos de levadura y de moho resultan más resistentes a las terapias y se mantienen con más persistencia en el organismo cuando está expuesto a una contaminación electromagnética por encima del promedio. Observamos también que los campos electromagnéticos provocan que los empastes de amalgama liberen mercurio al organismo y bloqueen, a su vez, su capacidad de desintoxicación, creando un círculo vicioso.
En el caso de las infecciones crónicas como la borreliosis o clamidiasis, o en el caso de las enfermedades autoinmunes o procesos neurológicos como el lupus, la esclerosis múltiple o la polineuropatía, el estrés por contaminación electromagnética lleva a una sobrecarga aún mayor, en un sistema inmunitario de por sí sobreestimulado e irritado, empeorando el pronóstico de curación. Solo cuando eliminamos la contaminación electromagnética, las terapias empezaron a funcionar. Lo mismo pasa con la contaminación con metales pesados: borreliosis, más mercurio, más campos eléctricos o parásitos intestinales, más plomo, más radiación: una combinación peligrosa, una conjunción fatal.
Un paso importante es el examen de la zona de reposo según los criterios de la biología del hábitat
Dr. Dietrich Klinghardt
El Dr. Dietrich Klinghardt, médico y neurólogo germano-estadounidense concluyó que las radiaciones de telefonía móvil dañan el cerebro y aumentan a la vez la permeabilidad de la barrera hematoencefálica para las toxinas. Combinaciones de este tipo son la causa principal del aumento masivo de enfermedades neurológicas. Mediante la preparación de cultivos de hongos se puede medir su producción de micotoxinas. Cuando estos cultivos se exponen a la radiación de telefonía móvil, su actividad tóxica se multiplica por 600. Los gérmenes responden con el único mecanismo contra el estrés del que disponen: emiten toxinas. Y las toxinas de los hongos o bacterias pueden llegar sin problemas al cerebro por la permeabilidad de la barrera hematoencefálica.
Los campos electromagnéticos tienen un efecto patógeno mayor aún por la noche, pues durante la misma también alteran la producción de melatonina. La melatonina –además de tener muchas funciones esenciales para un sueño saludable y para las defensas contra el cáncer– es la sustancia más importante en el cerebro, responsable de la eliminación de toxinas. Cuando una persona no puede dormir debido a influencias nocivas en el ambiente, no elimina toxinas y el sistema inmunitario no se puede regenerar y fortalecer. En relación con la contaminación electromagnética, la contaminación nocturna es un factor determinante. Por la noche, mientras trabaja el sistema nervioso parasimpático y el simpático está en reposo, estamos mucho más expuestos e indefensos a impactos de este tipo. No es necesario protegernos durante las 24 horas, pero sí durante el periodo de sueño y regeneración.
El doctor Klinghardt apunta, de paso: «El Institut für Baubiologie es genial. Son héroes para mí. ¡Increíble cómo montaron todo esto en Alemania!».
Reducir la contaminación electromagnética
Por todo lo dicho anteriormente, reduzca, por favor, de modo consecuente, todo tipo de contaminaciones electromagnéticas no solo, pero, sobre todo, en el caso de enfermedades neurológicas o infecciones crónicas y persistentes. Reduzca, en particular, la telefonía móvil y otras tecnologías inalámbricas con intensidad de campo fuerte, desde DECT hasta WIFI, colocadas cerca de la cabeza o del cuerpo. En primer lugar, para aliviar el sistema inmunitario sobrecargado; en segundo lugar, para garantizar el sueño regenerador tan necesario; en tercer lugar, para evitar que toxinas peligrosas lleguen al cerebro a través de la barrera hematoencefálica más permeable; en cuarto lugar, para evitar una irritación mayor de hongos y bacterias con la subsiguiente producción de más toxinas; en quinto lugar, para no bloquear la desintoxicación, tan importante para el organismo; en sexto lugar: los nervios ya están irritados. ¡No echemos más leña al fuego!
Contaminantes ambientales
A las toxinas en cuestión no pertenecen solamente las bacterias u hongos, sino también todo tipo de contaminantes ambientales, como el mercurio, altamente tóxico y contenido en los empastes de amalgama, y todas las toxinas domésticas.
Quien tiene que vivir, por ejemplo, con la enfermedad de Lyme o la esclerosis múltiple y sigue haciendo sus llamadas con el móvil o la tecnología DECT, sigue accediendo a internet con WIFI, sigue durmiendo con un despertador eléctrico en la mesita de noche cerca de su cabeza, sigue utilizando la manta eléctrica en la cama, sigue con amalgama en la dentadura, sigue tiñéndose el pelo, tratando sus muebles antiguos con pesticidas, cazando mosquitos con espráis, sigue sin tomarse en serio el moho en la pared, no ha comprendido algo muy importante. Estas afirmaciones son válidas, en igual grado o incluso mayor, respecto de otras enfermedades graves, como por ejemplo, el cáncer. Como ya sabemos, en este caso es, sobre todo, la contaminación electromagnética la que apoya el crecimiento de las células cancerosas.
Un gran número de enfermos recibe mucha ayuda gracias a las medidas correctoras que se aplican en la biología del hábitat.
Dr. Joachim Mutter
El Dr. Joachim Mutter, médico ambiental con base en Friburgo (Alemania) explica: «Si quiere sanar, desde el punto de vista médico, no existe ningún camino que no pase por un examen de la vivienda basado en la bioconstrucción y sus correspondientes medidas de saneamiento. Un gran número de enfermos recibe mucha ayuda a través de las medidas correctoras que se aplican en la biología del hábitat».
Algunos casos
A lo largo de nuestra colaboración con médicos y naturópatas, pudimos reunir un número creciente de casos concretos, que hoy día asciende a varios centenares. He aquí sólo dos de ellos:
Nos llegó un abogado que sufría desde hacía varios años de dolores musculares y articulares, dificultades para andar, mareos, trastornos visuales y fatiga. Un neurólogo le había diagnosticado esclerosis múltiple en estado avanzado. Un médico ambiental, a quien el paciente había consultado, no creyó en el diagnóstico y envió a un especialista en bioconstrucción a la vivienda del paciente. En el dormitorio, detectamos campos eléctricos extremos, provenientes de una instalación eléctrica desastrosa y de una manta eléctrica en la cama; la luz del buscapolo se encendía en contacto con la piel del paciente. También constatamos campos magnéticos extremos causados por flujos de compensación en las tuberías sanitarias de la pared detrás de la cabecera de la cama, mucho más intensos que los que se miden directamente debajo de las mayores líneas de alta tensión. Además, medimos ondas de radio extremas emitidas por un teléfono celular en la mesita de noche.
Contaminación de pesticidas
A todo esto se sumó una fuerte contaminación de pesticidas por una alfombra de lana tratada con lindano y un techo de madera pintado con PCP. Finalmente, una cantidad extremadamente elevada de bacterias en el filtro de agua de ósmosis inversa, del cual bebía al menos un litro diario: más de un millón de gérmenes por mililitro de agua, esto es, más de mil millones por litro. Sobre todo, encontramos Pseudomonas aeruginosa un patógeno peligroso: demasiado para el mejor sistema inmunitario. Dos títulos del virus del paciente subieron a valores críticos en esa época: el VEB (el virus de Epstein-Barr) y el virus citomegálico. Sus valores nitrosativos eran malos, le faltaba glutatión y los resultados del análisis de citocinas daban cuenta de las respuestas inmunitarias exageradas.
Medidas correctoras
Las medidas correctoras fueron fáciles: arreglo de la instalación eléctrica, apantallamiento de una pared e instalación de dos dispositivos de desconexión de la red, eliminación de la manta eléctrica y del teléfono celular como fuente de contaminación continua, eliminación de la alfombra y del techo de madera, cambio de la membrana del filtro de agua, así como desinfección del aparato entero. La mejoría se dio en los meses siguientes: los síntomas pronto mejoraron en un 50, más tarde en un 90%, los valores sanguíneos se fueron normalizando muy poco a poco, pero cada vez más. Ahora, habiendo pasado más de 15 años, el paciente sigue teniendo solamente algunos síntomas tolerables y los «ataques de esclerosis múltiple» de antaño no aparecieron nunca más.
El caso de Nino
Jamás olvidaré uno de mis primeros casos, hace ya casi 30 años. El pequeño Nino de cuatro años de edad y residente en Duisburg (Alemania) que sufría horribles dolores, convulsiones y ataques parecidos a las crisis epilépticas. Dos a tres veces al mes, sus padres, italianos de origen, tenían que llevar al hospital –corriendo, llorando y temblando– el cuerpecito de su hijo, azulado y sin apenas vida. Miles de diagnósticos y miles de terapias, con resultados infructuosos. Y siempre ese miedo a que llegara otro ataque. Y los ataques llegaban. El pequeño Nino solía dormir con la cabeza apoyada directamente sobre un despertador eléctrico con transformador, separada del aparato solamente por una fina almohada. El calor del despertador le resultaba agradable y nadie pensó en que podría ser nocivo para él.
Alrededor de la cabeza medimos campos magnéticos alternos extremos, cien veces mayores que bajo una línea de alta tensión, más de lo permitido por el reglamento oficial alemán sobre contaminación electromagnética1. A lo cual se sumó una contaminación eléctrica igual de extrema, la cual exponía el organismo del niño a una tensión muy alta. Tiramos el despertador.
Nino ni siquiera tuvo que volver al hospital; ya no gritaba, sudaba ni gemía por las noches; las convulsiones faciales imparables desaparecieron y todo su comportamiento cambió. Los padres lloraron una vez más, de alegría, y de desesperación, por haber provocado en su hijo y en ellos mismos tanto sufrimiento durante tanto tiempo. Como tantas otras veces en la biología del hábitat: medida pequeña, efecto grande. Cuando uno tiene vivencias de este tipo, no quiere abandonar la bioconstrucción nunca más…
1.-Nota de la traductora: amtliche Elektrosmogverordnung en el texto original alemán.
