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ToggleCambio climático y la flora: ¿cómo afectan los cambios climáticos que estamos presenciando al metabolismo primario de las plantas, es decir, la fotosíntesis, y a su metabolismo secundario, responsable de la biosíntesis de moléculas biológicamente activas? ¿Están modificando la calidad y las propiedades nutricionales y farmacológicas de los alimentos y plantas medicinales? Demos algunas respuestas iniciales a estas preguntas.
El cambio climático es una amenaza creciente para la agricultura, un desafío ambiental global que se debate a diario y que gira en torno al hombre y el impacto de sus actividades (antroposfera) sobre la biosfera y los recursos naturales del planeta.
De forma muy sintética, el cambio climático es causado por las emisiones a la atmósfera de gases que alteran el clima, principalmente dióxido de carbono (CO2), resultantes del uso de combustibles fósiles por parte del hombre y, a su vez, responsables del fenómeno conocido como “efecto invernadero”.
“Tropicalización” del Mediterráneo
De manera igualmente sintética, el cambio climático se caracteriza por un aumento constante de las temperaturas medias a escala global, una alta frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos (tormentas severas, huracanes, inundaciones, olas de calor, etc.), incendios forestales, condiciones de sequía persistentes, desertificación, derretimiento de los glaciares (incluidos los alpinos) y aumento del nivel del mar. Si a estos factores añadimos el riesgo hidrogeológico, hidráulico y el consumo de suelo, el escenario adquiere connotaciones bastante preocupantes.
Además, por razones geográficas, la zona mediterránea es especialmente sensible y vulnerable al cambio climático, un fenómeno conocido como “tropicalización” del Mediterráneo, con todas las consecuencias que ello conlleva para los ecosistemas marinos (y no solo), como la hipooxigenación y la acidificación de las aguas.
Otro efecto del cambio climático es la entrada y el establecimiento de especies exóticas invasoras (las llamadas “invasiones biológicas”), con un impacto negativo sobre la biodiversidad, la producción de alimentos y la salud animal y humana. De hecho, estas especies pueden competir hasta el punto de casi amenazar a las especies nativas y endémicas, además de dañar la agricultura (como en el caso de la bacteria Xylella fastidiosa, los insectos Anoplophora chinensis, Popillia japonica, entre otras), la salud animal y la salud humana (pensemos en las zoonosis y las enfermedades transmitidas por vectores).
El cambio climático y las plantas
En lo que respecta a las plantas, el cambio climático puede provocar cambios ecofisiológicos que, a su vez, pueden tener un doble efecto.
El primero, sobre el metabolismo primario de la planta, es decir, la fotosíntesis, que por una parte puede verse favorecida por la elevada concentración atmosférica de CO2, pero, por otro lado, también puede verse limitada por las altas temperaturas y otros estreses abióticos.
El resultado podría, por tanto, traducirse en una reducción de la productividad primaria de la planta, es decir, del rendimiento agronómico, si hablamos de plantas alimentarias, con importantes repercusiones en términos de seguridad alimentaria, también a la luz de la dinámica demográfica de la población mundial, que en 2050 se espera que supere el umbral de los 9000 millones de habitantes.
El segundo efecto del cambio climático afecta al metabolismo secundario de las plantas, responsable de la biosíntesis de moléculas biológicamente activas –metabolitos secundarios, también conocidos como compuestos fitoquímicos–, abundantes en las plantas medicinales y aromáticas.
De hecho, las actividades biológicas y los efectos sobre la salud de las plantas tradicionalmente utilizadas con fines médicos y cosméticos se atribuyen a los compuestos mencionados. En particular, los extractos botánicos y los aceites esenciales son mezclas («fitocomplejos») caracterizadas por docenas de compuestos fitoquímicos diferentes con actividad antimicrobiana, antioxidante y antiinflamatoria, por nombrar algunos.
¿El cambio climático modifica, de algún modo, la calidad y las propiedades nutricionales y farmacológicas?
Un argumento similar se aplica también al contenido de metabolitos biológicamente activos –las llamadas «sustancias nutracéuticas»– que abundan en los alimentos de origen vegetal («alimentos funcionales»), componentes esenciales de la dieta mediterránea, cuyos beneficios para la salud son bien conocidos por todos.
En otras palabras, cabría preguntarse, de forma un tanto provocativa, si lo que llega a nuestras mesas (o a los estantes de nuestras herbolarias) es más o menos rico en sustancias biológicamente activas, potencialmente aliadas de nuestra salud, o si el cambio climático modifica, de algún modo, la calidad y las propiedades nutricionales y farmacológicas de los alimentos y de las plantas medicinales.
No hay una única respuesta. En términos generales, los estreses abióticos (factores estresantes como vientos fuertes, tornados, temperaturas extremas, sequía, inundaciones, incendios forestales…) provocados por el cambio climático, como la escasez de agua y el calor, deberían incrementar el contenido de metabolitos secundarios en la planta, ya que estos son compuestos de defensa, pero no todos los estudios científicos concuerdan con esta teoría.
Escenarios posibles
Considerando un efecto de “enriquecimiento” de este tipo, se deben tener en cuenta dos escenarios posibles.
El primero implica poder disponer y consumir “superalimentos” enriquecidos de forma natural con sustancias nutracéuticas (productos que se obtienen de fuentes alimentarias naturales y que pueden tener efectos beneficiosos para la salud; más allá del valor nutricional básico que pueden tener los alimentos que consumimos diariamente), con posibles efectos positivos para la salud (suponiendo que la eficacia se mantenga inalterada).
Sin embargo, aquí está el segundo escenario, será necesario tener en cuenta y evaluar los posibles efectos adversos y consecuencias sobre la seguridad a largo plazo, ya que, como se sabe, un consumo excesivo de compuestos fitoquímicos, incluso a través de fuentes naturales, podría, de alguna manera, perjudicar la salud (pensemos también en las posibles interacciones con medicamentos).
En conclusión, hasta la fecha, no hay suficiente evidencia científica que respalde uno de los dos escenarios que acabamos de ilustrar, aunque, de manera muy realista, no existe una tendencia unívoca y será necesario evaluar los efectos tanto positivos como negativos, caso por caso, en función de las especies consideradas, el tipo de estrés abiótico y la clase química de los metabolitos secundarios.
Artículo aparecido en L’Informaziones per el florovivaismo. Enero 2025.
Bibliografía esencial
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Marcello Iriti es Profesor asociado de Fitoterapia, Departamento de Ciencias Biomédicas, Quirúrgicas y Dentales, Universidad de Milán. Miembro del Comité Científico de la Academia Italiana de Biofilia (AIB)
AIB-Academia Italiana de Biofilia
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