Contenido
ToggleCreíamos habernos alejado de la arquitectura cuando alcanzamos la bioconstrucción; denominando arquitectura y/o construcción convencional a la que se rige por los imperativos del mercado. Diferenciándonos al poner nuestro énfasis en las personas y en el entorno natural donde se sitúan las construcciones. Pero ya parece que todas volvemos a casa.
Los materiales y las superficies tienen un lenguaje propio. La piedra nos habla de sus lejanos orígenes geológicos, de su durabilidad y de su inherente permanencia. El ladrillo nos hace pensar en la tierra y en el fuego, en la gravedad y en las tradiciones intemporales de la construcción. El bronce evoca las altas temperaturas de su fabricación, los antiguos procesos de fundición y el paso del tiempo que se mide en su pátina. La madera nos habla de sus dos existencias y escalas temporales: una primera vida como árbol y una segunda como artefacto realizado por la cuidadosa mano del carpintero o el ebanista. Todos ellos son materiales y superficies que nos hablan placenteramente de un tiempo estratificado, en contraste con los materiales planos y mudos producidos por la industria contemporánea.
Juhani Pallasmaa.
Por otro lado, siguiendo con el mismo autor que nos sirve de faro, observamos:
Somos seres biológicos e históricos completos y en cualquier trabajo creativo reaccionamos con todo nuestro sentido y nuestra identidad existencial, y no solo con nuestro intelecto. Cuando experimentamos o hacemos arquitectura, el sentido más importante no es el de la visión, como suelen asumir las prácticas pedagógicas, sino el sentido existencial a través del que encontramos, confrontamos e interiorizamos lugares y situaciones en cuanto que experiencias existenciales corporizadas. Pensamos tanto con nuestro cuerpo, con nuestros músculos y con nuestros intestinos, como con nuestras neuronas.
Juhani Pallasmaa. Aprender y desaprender.
Podríamos continuar recreándonos con más textos de Pallasmaa, incluso textos y trabajos de otros arquitectos de renombre internacional, como Steven Holl o Peter Zumthor, también Alvar Aalto. Pero no es éste el objeto del presente texto; sin embargo, cabe señalar que esto de la necesaria vuelta a casa de la contemporaneidad no es, ni muy reciente, ni cosa de cuatro locos: se trata de una necesidad vital.

La casa: cuatro paredes, un espacio regenerador
La vida no permite la contención. Busca la expansión para la cual, cíclicamente, se contrae. Cada cobijo posibilita dicho latido, a medida de cada persona. A mayor amplitud, mayor desarrollo; partiendo, siempre, desde el centro que nos ofrece seguridad.
Un hogar poco tiene que ver con límites, paredes. Aunque es vital sentirse abrazado por el espacio, desde el recogimiento, acogido.
Cuatro paredes al uso pueden convertirse en espacio generador; lo construido se transforma para dar inicio a una nueva vida. No está todo perdido.
Amanecer
Me despierto. Abro los ojos. Todo está oscuro. Cierro lo ojos. Escucho el canto de los pájaros. Grito. Se abre una puerta, cruje la madera, alguien se acerca. Se abre la ventana y la contraventana. Los pájaros están más cerca. Cruje la madera, alguien se acerca, me abraza. Conozco su voz, abro los ojos; aunque tamizada por las contraventanas, entra demasiada luz, fría. Cierro los ojos, abrazo. Poco a poco vuelvo a abrir los ojos. En cuanto se acostumbran a la luz, llega la calidez del sol directo; es invierno, entra hasta adentro, cálida. Todo está en su lugar.
Incorporo mi cuerpo. Rodeado de calma, equilibrio. Las superficies, pausadas. Las de madera me muestran el paso de los años; cuando disfruto de humedad suficiente, cuando fue más escasa. Aunque se empeñen en llamarlos nudos, son ojos que nos cuidan, cuidan incluso nuestros sueños. Para las superficies de caolín los años son geológicos; transmiten vida, sustento y heterogeneidad. Dulzura y minúsculos brillos minerales.
Ya la luz tiene fuerza para iluminar toda la estancia. Es cálida. La madera contrasta con la blanca arcilla. Blanca, a veces; también gris, azul, destella. Anoche fue amarilla, casi rojiza. Me abraza, me acoge. En su justa medida.
El aire de la habitación es fresco, las superficies cálidas me animan a no volver a esconderme entre las sábanas.
Juventud
Corro a la puerta, corro la puerta. Me asomo. Aromas inundan la casa. La luz crece, las plantas parecen querer empezar a bailar. La calle asoma al gran ventanal, muestra agitación. Voces, motores en el exterior; todos creen saber hacia dónde se dirigen.
Pongo el primer pie fuera de la madera. Al principio la siento fría; el frescor desaparece por la dulzura al tacto de mis pies. El suelo muestra cierta irregularidad; yesos, calizas, tonos rojizos, terrosos, incluso carbón. La suficiente como para trasladarnos a su origen en la sierra. Pero sin condicionar mi equilibrio, dinámico. Contrasta la estructura de la casa, estática. Pilares de hormigón vestidos de blanco, recuperan sus texturas originales.
El olor me lleva a la cocina. Bordeo el corazón de casa. Me gusta, con mis manos, dar los buenos días a la mesa, al cedro, a aquella ardilla que jugueteó a su al rededor antes de que el árbol cayera. Primavera, se abren las orquídeas. En la cocina no solo huele a cedro. Cuando crezca, ¿qué olor me traerá de vuelta? ¿será el del cedro o el del desayuno? Tras los besos y los abrazos, me siento en el borde más iluminado. Canto feliz mientras miro por la ventana.
Aparece el gato que me observa, al menos siete pares de ojos más. Salta. Salto, corro por debajo de la encimera. Vuelvo al mismo sitio, sigo corriendo. Diferentes espacios van apareciendo, seguidamente desaparecen. Entro por un paso, salgo por otro, y vuelvo a entrar. Cual fotogramas de película; unido pero segmentado. Elijo por donde llegar a cada uno de los espacios, completamente diferente desde cada acceso; dinámico, flexible. Baila, crecerá conmigo, se adaptará; creceremos juntas.

Madurez
Crezco caminando. Por encima del mueble bajo que rodea la sala, a los pies del ventanal. Me permite saltar, esconderme debajo, leer encima, sentada, tumbada, dibujar, cortar, pegar, construir…; siempre a los pies del sol, aunque a la sombra. Me construyo observando lo exterior cada vez que vuelvo al hogar; con su carácter, su identidad.
La curva tiene su lenguaje, armonizando el resto de esquinas. Las secuencias limpias de materiales, también hablan. Riqueza, calma, tiempo, ser. Acomoda sin limitar. Los muebles se integran, desaparecen las barreras. Disfruto del baño rodeada de un mundo continuo, matices ocres. A veces salgo de casa solo por el placer que siento al volver.



Regreso, entro. El huevo me anima a volver a comenzar, a diario. Empecé en la habitación con la cama doble, siempre acompañada. Dando un paso, me alejo. Tengo mi cama, mi habitación; la nuestra. Unida, pero íntima. Todo es una habitación, también son tres. Me animarán a seguir alejándome, a seguir dando pasos; cuando necesite, correré la división, que es a su vez nexo. Los límites no permiten, las aperturas posibilitan. Siempre arropada. Lo mínimo necesario para las máximas oportunidades.
Trabajan desde casa, en aquella esquina. Aunque sea verano, también vienen visitas. Nos juntamos al rededor de la mesa. Para proyectar, charlar, comer, reunirnos. A veces, incluso me dejan hablar. Todo lo que nos rodea, espacios, acciones, dan sentido a la vida. Coherencia. La vida es una. Nuestro hogar solo es el reflejo de cómo la miramos. Le damos sentido, nos da sentido.

Atardecer
El sol brilla rojo. Lo exterior se va cerrando. Pequeños puntos se encienden cálidos al interior. Aumentan las sombras, las superficies crecen en relieve, en profundidad; cayendo en el abismo allá donde la luz no llega. La vida regresa, cae.
Las cortinas de terciopelo cierran los ojos a la casa. Paramos sobre el sofá de lino, los pies sobre la alfombra de lana. Una caricia, una suave música, un libro, una cálida y pequeña luz cerca; no es necesario hacer nada, buscamos ser todo. Amo nuestros rincones cuando la oscuridad, la niebla, me los esconde; cuando no me deja ver qué es lo que oculta.
Tal y como ha desaparecido el cielo para dar lugar a las estrellas, desaparecen las fronteras de nuestro hogar. Se iluminan solo aquellas escenas que cobran vida antes de marchar. Con ayuda vuelvo a cruzar la frontera, al lugar donde todo es calma, calidez, dulzura. Me desnudo. Las sábanas me abrazan.
No es la primera vez que me cuenta esta historia. En la escena un bosque, la mayoría de hojas han caído ya, forman una gran cama bajo la enorme haya. Ella se tumba boca arriba, observa la danza de las ramas. Otra hoja cae, columpiándose; parece que no quiere llegar al suelo.
Vuelvo. Mientras se me cierran los ojos, sonrío. Agradezco lo afortunada que soy de que mi padre y mi madre decidieran habilitar mi hogar, mi nido, con criterios de bioconstrucción.
El empleo adecuado de materiales naturales
Teníamos nueve meses para dar nueva vida a la casa. Teníamos que crear un espacio adecuado a las nuevas necesidades que surgirían, responder a los cuidados de un nuevo ser y poder seguir trabajando; necesidades casi antagónicas que iban a compartir espacio. Cobijo, abrazos, paz, tranquilidad, nido; ajetreo, visitas, llamadas, pantallas, tiempos.
El proceso
El primer paso fue retirar parte del material existente, tanto el deteriorado como el que por sus características físico-químicas no respondían a las nuevas necesidades.
La respuesta parte desde el corazón del hogar. Una mesa (huevo cósmico con las medidas armónicas del lugar) en el centro, simbolizando el inicio de una nueva vida cada día. Responde, básicamente, a dos principales usos: por un lado, alimentar en comunión la familia y sus necesidades nutricionales, emocionales y sociales; por otro lado, recibir a personas promotoras para seguir creando nuevos espacios. 
Lo íntimo
Al lado oeste de la casa, una membrana formada por una serie de armarios, cuida la zona más íntima del hogar. Detrás del armario de la sala aparece el mundo íntimo. Un espacio flexible que puede funcionar como un solo espacio, sobre todo durante el día. Y con la posibilidad de dividir tres alcobas recogidas para la noche.
Partimos de la habitación del norte, donde duerme la pareja. Para iniciar el camino hacia la luz, el sur, hacia el crecimiento. Y paso a paso, ganando autonomía. Primero compartiendo cama con lo progenitores, después, en la habitación intermedia. Al principio, con la puerta/tabique totalmente abierta, posteriormente semi-abierta. Aun compartiendo espacio, aun juntas, pero no ya revueltas.
El siguiente paso será llegar a la habitación del sur; permitiendo de esta manera que otros seres puedan realizar el mismo proceso. Cada una a su ritmo, según sus necesidades. Necesidades que incluso puedan pedir algún día levantar un tabique más firme. Área de descanso flexible, adaptable en el tiempo a las necesidades cambiantes de las familias, sin jerarquías autoritarias, con las personas y los cuidados como leitmotiv.
A ambos lados de la entrada, al norte, en la zona más oscura, se sitúan el baño y el aseo. Aperturas y cierres traslúcidos permiten funcionar sin luz artificial durante todas las horas de sol. Cuartos, mal llamados húmedos, que gozan de una calidez excepcional gracias a los paños continuos de tadelakt con distintas pigmentaciones adecuadas a cada espacio. 
Lo activo
La zona de trabajo se sitúa al noreste. En un área aparte, separada, pero unida al hogar ante la inexistencia de divisiones físicas permanentes. Al este, dentro de un paralelepípedo, se sitúa la recogida pero práctica cocina; lugar donde se cocina a diario. Al abrir las puertas de vidrio, en la encimera, al este, se forma una barra a la luz, donde se desayuna.
La sala se abre al principal ventanal situado al sur. Debajo, un banco corrido hace a su vez de mesa, como de lugar de lectura, manualidades, de reunión, de juego. El espacio más iluminado es, a su vez, el más activo. Con un sol que entra hasta dentro, gracias al balcón superior, solo cuando lo necesitamos. El sofá se abre al ventanal, a la vida; en lugar de mirar a cajas que la niegan.
Ha sido un ejercicio de alquimia. El empleo equilibrado de materiales naturales, poco transformados y cercanos (como la cal, el corcho, la madera de cedro y de castaño con aceites, el yeso natural de Albarracín, el mármol de Markina, la tierra y el caolín) ha permitido conformar este hogar fenomenológico para el habitar y el disfrute de la vida y sus procesos.
Ficha de materiales
Estructura: existente de hormigón armado con forjados de bovedillas cerámicas.
Aislamiento: Paredes exteriores con corcho granulado en cámara interior introducido durante la reforma y un SATE con fibra de madera + mortero de silicato en fachada oeste. Suelo con corcho granulado entre rastreles bajo la tarima y mortero de cal aligerado con corcho granulado bajo suelo continuo. Entre pisos con planchas de corcho negro.
Eléctrico: libre de halógenos, instalación biocompatible.
Fontanería: PE y PP para saneamiento. Calefacción de muro radiante recubierta de arcilla
Revestido exterior: morteros y pinturas de silicato.
Interior: caolín en cuartos secos, tadelakt en cuartos húmedos (color base en aseo, pigmentos ocres en baño y turquesa en cocina), techos con pintura de silicato.
Suelos: tarima de castaño (de Asturias) sobre rastreles en habitaciones y estudio; suelo continuo de yeso natural de Albarracín (de Teruel) en el resto.
Techos: pintura de silicato sobre Fermacell con subestructura de listones de madera en algunos puntos y sobre techo existente en otros.
Mobiliario: a medida y diseñado por el estudio construido en madera de cedro (de Gipuzkoa) y castaño.
Encimera de mármol: de Markina (de Bizkaia) en baño.
Lámparas: cristal y metal derivado a tierra. Luz biocompatible.
Inhar Agirrezabal Saenz de Santamaria, es Arquitecto y Máster en Bioconstrucción IEB. Garbiñe Pedroso Conejero es Arquitecta.
A finales del 2012, forman ‘ariarkitektura’ creando y transformando espacios para la vida, para las personas. Especializados en dar respuestas a necesidades tan básicas como la salud o la armonía relacionadas con el espacio construido. Su misión es ofrecer mejoras en todo entorno construido, desde el rigor y el conocimiento. Entiendo que para vivir mejor, es necesario reducir las alteraciones artificiales y actuar de forma que todos los seres puedan desarrollarse óptimamente. Es miembro del equipo docente del IEB y de Bihho http://www.ariarkitektura.eus
Artículo publicado en la revista Ecohabitar nº 71 en otoño 2021





