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Cosas que aprendí en 2023

A modo de repaso en "Cosas que aprendí" Mateu Ortoneda nos "pasea" por sus descubrimientos del año pasado.

La Espinaca de Nueva Zelanda (Tetragonia)

Se puede cultivar como perenne. Simplemente rebrota en primavera de la raíz. Incluso en Soria. Es una verdura excepcional, fina de sabor y super-productiva. Una sola planta es suficiente para una familia y produce durante meses y meses.

Hemos descubierto la Dukkah

Una mezcla de especias y frutos secos con un toque de menta que proviene de Egipto, donde cada casa tiene su mezcla especial. En internet hay cientos de recetas. No se cocina, se espolvorea por encima del plato servido.

La otra mezcla oriental famosa, el Za’atar, también nos ha gustado, pero la usamos menos. Al final sólo mezclada en tortilla y para días especiales.

Hemos aprendido a hacer «mincemeat»

Con aceite de coco en lugar de sebo. Más sencillo y más sano. También en internet hay recetas para todos los gustos. La base son manzanas cortadas en pedacitos cocinadas con frutos secos y frutas secas con especias. Se pone en tarros limpios y se conserva durante años. Se añade a postres.

Hemos aprendido a dejar respirar al huerto

La acelga silvestre sale donde quiere y da hojas sabrosas hasta que florece y muere para aparecer en otro rincón del huerto. Los armuelles y la borraja hacen otro tanto. No los plantamos, los dejamos crecer donde aparecen. 

Cultivamos Huatzontle varios años

Lo llaman Broccoli Mejicano. Hace unos penachos de semillas que se comen hervidos y son exquisitos. Este año pasado hemos aprendido que el cenizo común (Quenopodium Album), primo hermano del Huatzontle y una mala hierba que crece por todos lados, hace penachos exactamente iguales e igual de ricos. Tanto camino recorrido para aprender a apreciar algo tan cercano e ignorado!

Hemos descubierto Mastodon

Tan interesante como el Facebook de 2017 pero sin fotos de vacaciones familiares ni frases «bonitas». Sin publicidad ni vigilancia ni algoritmos tóxicos.

Hemos seguido con interés el «hype» en torno a las Raspberry Pi

Planteadas por algunos como una solución minimalista a problemas de la internet actual y futura, se convirtieron en el estándar que no dejaba ver nada más allá. En todos los foros estaban esperando como agua de mayo que sacaran la Raspberry Pi 5 a la que pedían tres cosas: que pudiera arrancar desde una tarjeta MMS, un procesador de 64 bits y un botón para encender/apagar. Con un par, la sacaron sin ninguna de las tres, decepcionando a todo el mundo.
Gracias a eso, ahora sabemos que hay una enorme diversidad de SBCs (microordenadores) y muchas iniciativas pequeñas, más válidas y más baratas que antes estaban tapadas por las raspberry. 

Hemos conocido de primera mano el mundo del «Precariado»

No es un trabajo, es un entramado de trabajos basura donde el patrón paga lo mínimo para que el trabajador no se vaya y el trabajador produce lo mínimo para que el patrón no lo eche. Todos tienen una historia: a uno lo echaron cuando la covid, el otro hizo una paella para mil personas y no se la pagaron (tal cual), otro se arruinó apostando por lo que parecía una buena idea de negocio y no funcionó, y así. Y una vez entran en el precariado les cuesta salir. Ya se sabe: los alquileres, la inflación… Normalmente pasan de uno a otro de estos empleos. En ninguno le ofrecen 50 € más al mes para que se quede, su puesto ya lo ocupará otra persona desesperada, que hay muchas. Los patrones se portan como señores feudales, sin ningún miramiento hacia el trabajador o sus derechos. Pero lo peor de todo son los trepas. Este es un cuento que se repite cada día en miles y miles de puestos de trabajo: un trabajador que decide tomar más responsabilidades de las que le corresponden con la esperanza que le hagan «encargado» y le paguen 150 € más al mes. Y se convierte en un jefecillo baboso, un pequeño tirano, chivato y pelota. El patrón le deja hacer porque le conviene y cuando al final le pide el ansiado aumento de sueldo se lo niega y el «presunto encargado» abandona la empresa con el carácter agriado y lleno de resentimiento, dejando mal recuerdo tras de sí. 

Se le quita a uno de golpe el romanticismo sobre la conciencia de clase y la unión hace la fuerza y patatín y patatán.


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